
"Betty vermellón". Brownie y una mezcla de fresh cranberries & vino tinto. Posh para Betty Crocker®
“Hubiera bastado el nombre propio. Solo y por sí mismo también dice la muerte, todas las muertes en una. Es así incluso cuando su portador está aún vivo…el nombre propio por sí mismo declara enérgicamente la desaparición de lo único, quiero decir, la singularidad de una muerte incalificable… la muerte se inscribe en el nombre mismo para dispersarse de inmediato. Para insinuar una extraña sintaxis – en el nombre de uno solo, responder a muchos.” Derrida, Jacques. Las muertes de Roland Barthes, trad. Raymundo Mier, México, Taurus, 1999
Yo quiero Posh repetí como verbo-frase, al engullir el pastelillo de un bocado. Y sabía que al pronunciar ese nombre el objeto dejaría de serlo para inscribirse en otro significado. Incluso al disolverse en el cenote de mis jugos gástricos, el objeto en sí dejaría de ser, consumido por mis tripas sosegadas.
Fue hermoso, mis adentros repetían: couture, couture y supe que nada volvería a ser igual que antes. Más su poder estético y gastronómico no tuvieron tanta importancia como el hecho mismo de su partida, sus repetidas muertes en incontables estómagos durante esta semana, el mes: dos años. Las muertes del cupcake inscribían su nombre al infinito: Yo quiero Posh.
Un 17 de octubre de 2007, Mirtha de la Garza metía la cabeza en el horno. Sabía que sus ellas diseñadora gráfica y arquitecta de la UDEM habrían de morir. La que salía del horno, sostenía una charola en sus manos, unificada por ese fogón alquímico que es “meterse en los asuntos del arte”. “Culturator” fue su nombre, adquirido desde este día.
No es este texto el punto para discutir si acaso el arte nace o no de la cultura o si este incide en esta o en aquellas. No, el punto ahora es hablar de las muertes de ese 17 de octubre y los renacimientos consecuentes. Mirtha descubría la posibilidad de ser creadora, y el cupcake (quequito) era desenmascarado como más que un confite. Nombrados Posh, estos cupcakes nacen como un proyecto de diseño que “pretende transmitir la importancia de la estética a través de un producto visualmente llamativo y conceptual”, y es que recientemente autodenominada “Culturator”, Mirtha de la Garza se dedica a experimentar en carne propia los procesos mediante los cuales la estética incide en las manifestaciones culturales, y por ende en la creación artística.
Mirtha hace una labor de “Cool Hunter” mediante la difusión cultural y la co-intervención con distintos “creativos” (como denomina ella a esta ola de gente que produce visualidad, entre otras cosas, que produce cultura) en sus proyectos. El Posh representa un estilo de vida caracterizado por la influencia de los mass media y de la proliferación del arte, por lo tanto se implica a sí mismo como objeto de deseo, como una suerte de crítica de los dispositivos de control de las sociedades neoliberales, se entrega a sí mismo a su muerte como “pieza única” elaborada para el consumo. Ha sido participe de inauguraciones, colaboraciones y demás eventos que pretenden promover la cultura “fashionista”; bajo esta insignia, los cupcakes no son efímeros solamente en su consumo, Mirtha desarrolla colecciones a través de temporadas donde incorpora su “background” de diseñadora, buscando por medio de un estudio visual en términos actuales “geometría, reflejos, cortes facetados y adicción al color”, entre otros aspectos formales que resaltan en la elaboración de su pieza.
Como en una analogía con el texto que escribía Derrida sobre la muerte o las muertes de Roland Barthes repetidas al infinito, el nombre de Posh engloba todas sus muertes en conjunto, por esto y por su calidad efímera al cambiar con la temporada, podemos asegurar que todos los Posh son uno, el único: El momento en que damos la primera mordida.
Por si fuera poco, la nueva colección está lista y en proceso para ser exhibida al público, aunque por lo pronto no puedo dar más detalles al respecto, los avances ya circulan en la red con el apropiado nombre de “Death, by cupcakes” (http://www.vimeo.com/7268382).
Para los que la medicina conceptual no baste, y sientan que la sociedad no cambia, no es estimulada o tocada por el arte; siéntanse ahora aliviados. Yo quiero Posh no es nada más para la elite, aunque para algunos parezca que nace desde ahí o que ese es su público meta (¿no ha sido el arte siempre protegido por la alcurnia?).
Betty Crocker® ha contactado a varias “Empresarias del Horneo” para que “cocinen” un plan de ayuda para quien más lo necesita. Aunque en primera instancia el proyecto Posh es de intenciones más bien artísticas, también ha fungido como negocio para Mirtha, como decía Dalí, el que es artista del arte vive ¿no?. Por lo tanto, en compañía de otras chicas “reposteras” como Karina Flores de la “boutique” de cupcakes Bubarú y Daniela Cantú de la tienda Dely Cupcakes, desarrollarán cada una por su cuenta un pastelito a base de ingredientes de la reconocida marca, y por cada venta de este producto se donará un porcentaje para el Hogar de la Misericordia, Destellos de Luz y la Fundación Educativa San José, durante los meses de Noviembre y Diciembre.
La actividad denominada “Ayuda, Hornea, Sonríe de Betty Crocker”, dará a conocer los resultados de la recaudación, para todo el público, en la segunda quincena de Enero.
Para ver más del proyecto Posh, ir a:
FUNDACIONES:
Mirtha de la Garza (1979) por Mirtha de la Garza
Monterrey, N.L. Diseñadora, arquitecta, artista y creadora de efimeridades. Culturator (culture + creator). En palabras llanas, híbrida que reta la convencionalidad de ser etiquetada en un solo título profesional. Cuestiona el constructivismo existente de lo que es y busca lo que puede llegar a ser. Rastreadora de la evolución creativa, la perfección estética y sobre todo, la fusión entre función y forma.
2007. Creé el proyecto de Posh cupcakes (www.quieroposh.com)
2007. Me aventuré en el mundo de la moda diseñando accesorios para Mossimo Clothing.
2006. Aprendí a diseñar y modelar zapatos en el Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías CIATEC.
2005. Colaboré para el arquitecto Toyo Ito en diseño y construcción de modelos y maquetas para un proyecto catalán.
2005. Me fui a Barcelona, hice el Master en Arquitectura, Arte y Espacio Efímero (Diseño y Escenografía) en la Universitat Politècnica de Catalunya y me enamoré perdidamente de la ciudad.
2004. Me gradué de Arquitectura y Licenciatura en Diseño Gráfico por la Universidad de Monterrey.
2003. Mi proyecto de imagen corporativa resultó finalista en el concurso para el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León MUSAC.
2003. Entré a un concurso de nomenclatura, saqué primer lugar y ahora un edificio en Cancún lleva el nombre que yo le puse.
1999. Uno de mis carteles obtuvo mención honorifica en el segundo concurso de Posters para Causa Común A.C.






