Home Letras Sennin, Ryûnosuke Akutagawa/Luis Vázquez, México, Nostra Ediciones, 2009.

Sennin, Ryûnosuke Akutagawa/Luis Vázquez, México, Nostra Ediciones, 2009.

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El catálogo de la editorial Nostra está repartido entre dos tipos de libros: breves ensayos de divulgación sobre temas referidos a la política, economía, sociedad y cultura, por un lado; y por otro, álbumes ilustrados. Estos álbumes son de dos tipos: literarios e informativos. Los literarios, a su vez, se distribuyen entre varias colecciones, enfocadas en su mayoría al público infantil y juvenil. Una sola de esas colecciones parece dirigida al público adulto: se trata de “Los cuentos extravagantes”, que presenta relatos clásicos ilustrados por jóvenes artistas. Las características de las historias narradas en estos libros, incluidas en la contratapa de sus ejemplares, son las siguientes: fuera del orden común, interpretación inexacta, diversas geografías, cuentos de fines del siglo XIX y principios del XX, y el efecto que lo posiblemente irreal provoca sobre nuestra realidad.

 

Historias de Giovanni Papini y Antón Chéjov forman parte de esta colección, así como el relato que me ocupa hoy: Sennin, de Ryûnosuke Akutagawa, el célebre autor japonés que inspiró, con algunos de sus cuentos, una de las películas más emblemáticas de Akira Kurosawa: Rashomon.

En Sennin somos testigos del empeño del joven Gonsuke por convertirse en un hombre sabio, apartado de la vida mundana y que alcanza la inmortalidad dedicándose a la oración y a la meditación, conocido en Japón como “sennin”. Gonsuke se dirigirá primero a una agencia de colocaciones para pedir al gerente que le consiga empleo en el que pueda aprender los conocimientos que ansía. Imposibilitado de cumplir el requerimiento, a pesar del letrero en la puerta del negocio que ofrece todo tipo de trabajo, el gerente consultará el caso con un amigo médico. Justamente será en la casa de este doctor donde Gonsuke trabajará largos años con el firme propósito de alcanzar su sueño.

Me callo parte del desarrollo y la resolución del relato para no estropear la curiosidad del lector. Adelanto que, en su última parte, el cuento alcanza una dimensión fantástica que obliga a mirar los acontecimientos anteriores desde otra óptica. A tono con el final que impregna todo el texto, las imágenes que lo acompañan, a cargo del ilustrador mexicano Luis Vázquez, rebasan por mucho el ámbito común: le aportan imaginación y desmesura.

Un texto sugerente y logrado en su sencillez, y unas ilustraciones provocativas, no exentas de humor, hace de este álbum una buena opción para introducirse al mundo narrativo de Akutagawa o descubrir cómo algunos de los aspectos básicos de la vida se nos pueden presentar, a través del arte, con sesgos inéditos, cargados de atractivo y misterio.

Última actualización el Lunes, 08 de Febrero de 2010 18:27  

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